
Uno de los primeros periódicos del que se tenga registro en Argentino orientado a la actividad del agro se llamó «Semanario de Agricultura, Industria y Comercio». Se publicó por primera vez el 1 de septiembre de 1802 de la mano de Juan Hipólito Vieytes, auunque contó con el apoyo del Real Consulado de Comercio y su secretario, Manuel Belgrano, para su salida. En él publicaron artículos Pedro Antonio Cerviño, el deán Gregorio Funes y Manuel José de Lavardén.
El semanario era una publicación que se editaba los miércoles. Suspendió su salida por primera vez en agosto de 1806 producto de las invasiones inglesas a Buenos Aires. En septiembre fue retomado, para ser clausurado, esta vez de manera definitiva, en febrero de 1807, por la amenaza de una nueva invasión.
Uno de sus objetivos principales de la publicación era mejorar la situación de la agricultura sobre la base de los principios de la escuela fisiócrata bajo la premisa de que la explotación de la tierra era el motor de la riqueza de un Estado. Esta concepción se oponía al mercantilismo predominante, que moría en Europa, pero que se mantenía en las colonias de la mano del férreo monopolio comercial. Junto con el Telégrafo Mercantil, Rural, Político, Económico e Historiográfico, aparecido un año antes, el Semanario de Agricultura marcó la irrupción de publicaciones periódicas que procuraban difundir el pensamiento ilustrado.
La visión de Hipólito Vieytes se expresaba de esta manera: “Desde que el espíritu de dominación y de conquista dejó de ser la principal pasión con que se alimentaba el corazón del hombre, y desde que dejó la espada de ocupar el brazo que hoy se ejercita en el arado, ya no vemos con horror aquellos campos que en lugar de espigas parecía brotaban hombres destructores destinados sólo a aniquilar su propia especie; a la sangre del guerrero ha sucedido el sudor del labrador… (…) Ya por fin se ha conocido que la agricultura es la primera, la más noble y la más indispensable ocupación del hombre, que es la base de las sociedades, la que alimenta al Estado y la que hace a los hombres sencillos, fieles y honrados; a ella sola le son deudores los pueblos de su riqueza y opulencia, y sin ella yacerían para siempre sepultados en la opresión y la miseria… (…) Ninguna cosa pues puede contribuir con más eficacia a este fin que la publicación de un periódico, por cuyo medio se propaguen de unas provincias en otras los conocimientos más necesarios a nuestra agricultura e industria… Si se tiene la vista por la vasta extensión de estas campañas, al instante se presenta la triste situación del labrador: éste, aunque dueño absoluto de una porción de tierra capaz en otras partes de mantener un potentado, vive de ella escasamente y se halla sin recurso y sin auxilio para hacerla producir una porción de frutos apreciables que podrían hacer la felicidad de su familia… Yo seré el órgano por donde se transmita al pueblo las útiles ideas de los compatriotas ilustrados que quieran formar parte de esta empresa…”



